Comulgar con ruedas de molino

30 julio 2014

Arturo Mari

Mientras imagino al poeta de Iquique en el concurso de arena de Cavancha haciendo topless al lado de una réplica de arena de la Torre Eiffel, aún espero ese último poema no escrito titulado “Cabeza de pescado” de mi estimado amigo Alejandro Cifuentes, ese que inunda mi mundo de vida, de arena, de mar. De ojos quietos y secos por el acontecer de esta vida que ya no llora ni se inmuta por la barbarie egoísta de los hombres de “estado” y las mujeres de sal.

Ahora recuerdo con alegría la confesión que mantuve con Don Francisco en la Sala del Tronetto, anexa a la biblioteca la pasada semana. La alegría contenida del momento dramático que vivimos en un mundo con los conflictos en Gaza, Ucrania, Mali, Cataluña y mi propio corazón fue una barca retomando el rumbo de la paz.

Padre perdóneme porque he pecado. Porque este corazón caduco de imperfecciones necesita el arrepentimiento.

  • No he vivido ni he dejado vivir a los que están a mi alrededor. No he seguido adelante y no he dejado que los demás vayan adelante. La pereza me ha podido.
  • No he sido agua como el del anuncio y no he dado de beber a los demás.
  • Dejé de bailar con la más fea remansadamente con humildad y benevolencia.
  • Perdí la sana cultura del ocio, del juego, de leer, de disfrutar del arte.
  • Estuve mucho tiempo en las redes sociales on-line y no fui con los enfermos del URH ni mis amigos al campo.
  • He pensado en drogarme para estimular durante toda la vida el amor.
  • He dejado de lado mi dignidad y no he hecho algo para los demás. Algunos días no he tenido besos que llevarme a la boca.
  • He persistido en recordar lo negativo de ella.
  • He tenido un monologo interior desde el egoísmo y no he respetado al que piensa distinto.
  • He hecho la guerra.

Cuando terminamos, sacó una medalla de su bolsillo, la beso y me dijo: quiero que la lleve vos, y todos los días al amanecer tenga presente una sola cosa Don Chicho; la felicidad está en los demás.  Por un lado la medalla tiene el escudo vaticano y por la otra se ve a Madre Concepción Oleza de Gual Torrella sonriendo.

Estas perdonado Chicho Valentino. Y como resarcimiento por tus imperfecciones humanas escribe un post en tu blog de Teleterapias.

Después hablamos de fútbol,  de Crimea, del vuelo 370 de Malaysia Airlines, de Cuba y de Putin. Terminamos juntos comulgando ruedas de molino.

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