Pero sigo siendo el rey

21 junio 2014

Rey

La prensa dulcifica objetivamente la presentación de noticias de guerra y paz.

A veces siento que soy un orador lacónico, un rey “atacameño” construido de rocas sin nada que decir a la lluvia de estrellas, a las delfínidas gamma. He perdido la fe pero este cuerpo que habito tiene alma para rato. Acercarse al árbol de Jupiter es entrar en el increíble mundo de las asociaciones mentales. Cuando no se que hacer, sigo amando a Lady Laura. Cuando no se que decir, me digo; Te amo Lady Laura.

Esta mujer metida en la cabeza solo hace que centrifugar mis sentimientos. Todo está limpio, sin grasa ni nata. El tambor cósmico gira rápido mediante su fuerza separando el sentimiento de la razón.  Me dejé la piel por ella y terminé degollandome solo. Ahora, cuando se termina el romanticismo es necesario ponerse el gorro de mariachi, amarrar las cinchas y empezar a montar de otra manera. Quién pudiera empezar una nueva vida con la banda sonora de “La Rosa del Azafrán”.

En esta situación plantearme no hacer nada es la mejor forma de no equivocarme y tener éxito en una vida de vagancia y pereza. Quizás por ello sigo siendo el perdedor en el amor. Sigo trabajándolo con este desdén y humor que aprendí de mi madre en la niñez. Esa respuesta automática e involuntaria que realizo ante la presencia de las chicas en la playa, ese movimiento sexy, me pone una corona de voluntad en el amor.

Cuando se quiere, el gobierno y la oposición se ponen de acuerdo para no perder la inviolabilidad de sus cargos y proteger a reyes y princesas. Pero el yihadismo se está poniendo de moda en los despachos de Washington y en las calles de Bagdad. Los talibanes que redoblan su desafío con otro ataque al aeropuerto de Karachi aman a sus mujeres y alguno escribe poesía. Ser rey en este contexto necesita del aforamiento necesario para no sucumbir a un atentado social.

Creía que soñaba pero fue pensamiento, “hay gente que no vale una alegría”. Dejé de ser un hombre cronológico. Ahora me convertí en planta que se expande y crece hacia arriba. Y aunque en la portada oeste de la Basílica de Santa María en Pontevedra aparece un santo con gafas. No soy yo. El día que yo me muera será día de estado, de estado de fiesta en la condolencia de un rey sin piedras en el riñon, ni trono ni reina. Pero sigo siendo el…

Escrito en la sala Sala URH Otto Rank por Chicho Valentino

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