Histeria amatoria de un lobo en la orilla de la mar

16 diciembre 2013

Histeria

A veces mi histeria amatoria necesita un examen a fondo sobre las conexiones del fingimiento. La neurosis, el fingimiento, la astucia, la sagacidad e inconmovible tenacidad son frutos de un engaño exquisito, no de una hipócrita mentira compulsiva. Soy mucho hombres, pero un solo dios verdadero que se pierde en mi lobo. Lo mismo que tu, te pierdes en tu tu o su el se pierde en su el. Todos, perdidos al fin.

(Cultivar espantos y vivir descalzo al viento en silencio en una mañana de otoño de 1903 en un acantilado del Atlántico). Sueño

Fluyen palabras sobre las letras de mi teclado. Suavemente. El sol en los cristales ciega la esperanza de este cementerio sordo. ¿Dónde están esos abrazos de los que hablamos?. Ven, rescátame de esta claridad dónde no pueden llegar los bomberos y ante la marejada de risas, silencios y aullidos, escala la cúspide de mis más borrachos besos.

¿Qué debe hacer un hombre de teatro en una situación de responsabilidad nacional?. Ser elogio digno de una actuación que no se note, que pase inadvertida como verdad subyacente entre las palabras del autor. Ser disfraz o velo de persona. Ser atavismo de carne y pelo como regresión a un tipo ancestral de temperamento y comportamiento salvaje. Hay voces como ecos que vuelven del horizonte marino. Sé que son mentira. Me quieren seguir engañando. Pero las conozco, son en Mi menor. Ellas entran de golpe en la mente, se filtra, se integran inadvertidamente en el diálogo interno como perturbaciones psicológicas y yo digo “auuuuuuu”.

Escrito por  Chicho Valentino en la sala Lev Vygotski del URH Madrid

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