Hacer o no hacer

8 diciembre 2013

Hamlet

Vivir en esta atmósfera “hamliana” de transición incierta, de intermediación fluctuante quemando un secreto, un recuerdo que no me deja seguir con esta vida de encierro. Instantes diarios que me producen asco, odio y dolor. Obligado a vagar por estos pasillos con un tazón de sopa de calabaza que me sorbe la conciencia. A veces parezco un “sniggling” de verdad, sin preparar, un revólver sobre la nada apretado de balas, dónde la palabra “amor” solo es complemento directo de un eslogan para creerse vivo.

Una parte de mi, es soñarla. No dejo de pensarla en el final de un ensueño de otoño caído por los suelos, barriendo mensajes de amor, tensión y locura para vivir sin la carga de su hermoso dulce veneno. A veces no puedo reincorporarme a la realidad, estoy permanentemente viviendo mi fantasía sexual resuelta. Querer, desear que mi alma desnuda frente a sus ojos, se pierda en ellos eternamente y apaciguar tanto dolor. Tengo una decisión en la punta de la lengua, pero se engatillaron las palabras. Es preciso tener fuerza para ser firme, para defenderse, es preciso tener coraje para ser gentil.

Esta neurosis, el fingimiento, la astucia, la sagacidad e inconmovible tenacidad de mi vida son fruto del engaño más exquisito. El pánico espontáneo diario a perder mi persona, mi voluntad, el miedo a amar como amé, me atenaza a la desdicha.

      “¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas?”. 

Quedar en el limbo de las aspiraciones para  mejorar la forma de amar de por muerte. Y dejar que el mundo siga girando sin ella a mi lado. Que cadavérica desfachatez.