Sin horizonte interestelar

26 agosto 2013

He vivido en el lenguaje, tirando palabras. No le dí tiempo a la razón de las ideas que empapaban la realidad de esos discurso. Y he preferido no tomarme la pastilla para ser feliz. He buscado la sombra, lo gris. Cruce los límites del amor y del mal. Mi lenguaje puede sudar algo de dolor pero su traducción está vació en la lectura experimentada del otro. Nunca hubo vértigo después del último adiós. Ningún horizonte está ya detrás del firmamento. Con sistema solar o sin sistema de ideas, me parece algo irrisorio escribir para tener biografía de perdedor.

Sé que no es solución, “a verlas venir”, pero es la misma solución que “ir a verlas venir”. Y si no hay nada que reparar, en que voy a reparar este pensamiento fugaz. Elaborar, construir desde los hechos, desde los datos y la objetividad un relato histórico de realidad o ficción que me ayude a sobrevivir no es solución. No puedo ir al pasado con las categorías del presente. Aquel amor es anacrónico. Aquel amor no inaugura sonrisas transparentes. Es necesario no seguir en esta indefinición posmoderna permanente. Amor y muerte, dos estadios totalmente reconocibles en la piel. Ahora toca muerte.

Aquí, en esta fosa de palabras, haciéndome cargo de las consecuencias de la acción de amar. Responsable de la pequeña cuota de amor. La dureza de esta existencia contamina el amor. El refugio del amor está siendo envenenado por la desidia. La experiencia del yo, la plenitud del amor que te sujeta de una forma privilegiada en la dimensión de un pequeño dios, yace amoratado y frió. El amor no es algo externo que se perfuma o se pone de moda. El amor es una forma de enseñanza, una experiencia transparente, como la muerte.

Escrito en URH-Sala-Konrad-Lorenz

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