Juan y Chicho

20 agosto 2013

Juan y Chicho
Apuntes de una conversación a dos manos en un tiempo muerto

La realidad es aparente cuando ubicas a la personalidad en algún lugar reconocible. Aunque el paisanaje también sea un invento. Inventar el modo de hablar de las personalidades, es el más hondo ejercicio de poner rostro a la demencia.
Vivir en el mundo de los sueños, contarlo como si fuera algo real no escrito en los periódicos. La realidad ya está contada por las crónicas. No repetirse diciendo lo mismo. Entrar en el fondo de la sala, de la mente.

Orfanato. Correccional militar. Carcel de mujeres. Frenopático. Lugares perfectos para deprimir la simple aspiración del juego. Lugares ideales para encontrarnos solos, dónde aplacar el firmamento diurno con silencio. Los desconocidos, hasta los conocidos débiles no nos quieren. Pasillo. Salas custodiadas. Les da igual si vivimos o respiramos, no son conscientes de nuestra presencia invisible a través de los saltos en el tiempo. Qué más da vivir en York, Comala, en aquel convento de Wokingham, o desaparecer en el cadalso de una orilla de río.

Hay personalidades que sufren y tenemos que respetar su deseo de sufrimiento, aunque esté sufriento sea terrible y la curación sea imposible. La vida es un derecho y su legalidad debe estar al servicio de la vida real enferma, de las necesidades concretas de estos seres humanos discapacitados.

Excépticos de nuestro tiempo, con hambre de alguna cosa. Aprendiendo con castigo a sembrar nada y recoger soledad.
Muchas veces nos confundimos entre nosotros, nuestros sueños, los personajes y las aspiraciones de estos. Es una marabunta de sin sentidos que urden el camino de la salvación con la autodestrucción de cualquier vida vegetal. Así, el camino se vuelve desierto terrenal. La escritura. El único poder de esta vida parapetada es, construir una personalidad como queremos que sea. Vestirnos de él y vivir. La palabra está cara, es necesario economizarla. Los sonidos del sexo tántrico será el nuevo lenguaje.

Las personalidades no tiene razón, son elementos sin razón, irracionales seres temporales sin lógica que rompen la verosimilitud para construir un hilo perfecto narrativo que de continuidad a la historia con contradicciones constantes. Como cualquier ser humano sano.

El llano en llamas es como el mar en tempestad. Pedro Páramo es como Ezequiel Estepa. No hay título, no hay material rescatable entre la calma, la serenidad y las ganas. Está corto el tiempo en nuestras palabras de fantasmas. No hay quien ponga un grito en el cielo.

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