Antaño

15 febrero 2013

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Nadie persigue a nadie. El pasillo no es el corredor de la muerte. Entre la depresión de la soledad y la manía desbocada,  la melancolía. No hay gritos, ni miradas bajas, ni enfermos que caminen con sonrisa lánguida. El silencio es patente sobre los pasillos llenos de espacios acomodados vacíos, no sobre mi cuerpo manchado de golpes. No hay episodios que valgan un diagnostico.  El aire frío ventea el historial de los que pasamos por la unidad de salud. Los doctores dejaron de trabajar, los enfermos de suicidar cuerpos errantes de hollín y bilis amarilla. Todo permanece placido en un nuevo contexto de humedad invisible. La asepsia de la salida de emergencia acompañada de los extintores de fuego, tranquilizan el ambiente de esterilidad.

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