Selva

28 septiembre 2011

Selva

La libertad es más que poder tener un pasaporte.

Puedo hablar sobre la libertad, idealizarla, poetizarla, pero ¿puedo cruzar la frontera?, ¿puedo entrar en los límites sinceros de mi ser?, ¿puedo ser tierra de labranza?, ¿puede germinar una simple semilla en mí?, ¿puedo crear abundancia?.

Es bueno recordar de dónde vienen las palabras, no solo a dónde nos llevan. Materializarlas en los hecho y en los movimientos de los sentimientos más enraizados y puros, en aquellos que nos hacen sonreír y nos dan la paz de un silencio contemplativo.

Ir más allá de la apariencia de las cosas, de las interpretaciones, de las etiqueta y permutar la sabiduría entre la teoría y la práctica de la vida corriente. Descender a las emociones que mueven cuerpo y mente. Entre la inteligencia y la intuición.

La libertad te puede llevar a la estratosfera, al vapor de las aspiraciones o de los sueños, a la luna o al mar, pero viene del simple hecho de poder hacer lo que necesitas y deseas.

Salgo del nivel de vigilancia bajo el que vivo y busco graduar mi utopía en este presente de libertad.

Una respuesta to “Selva”


  1. Hay veces que para ser libre, más que cruzar una frontera, hay que determinar claramente sus límites. No se trata de frenar lo que somos, por cierto, pero también de no idealizar lo que no queremos ser y de rendirse a la evidencia de lo que no hemos sido.

    Es mejor ser, que no serlo. Es mejor haber vivido, que haberlo deseado. Es mejor haber amado -y cruzado todos los límites- antes que envejecer torturándose con la pregunta del si yo lo hubiese hecho.

    Para las utopías, sí, lo mejor, la libertad.


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