Pozo

2 octubre 2010

Golpe a golpe. Rueda la cuerda anodina. Suave, hazlo suave, como sesgando la armonía de un repique sincopado. Palma sobre palma. Inunda la noche la calma de aquel sonido amansado y enérgico que viene del sur. Me levanto con el suave ímpetu de girar sobre mis desazones. Y al fondo unas luces parpadean tintineante como lunas de abril. Así, a grandes trazos está la pasión sobre la hierba, sobre la madera del olivo viejo. El estómago ensaya a golpes digestiones acaracoladas. Quisiera sentarme, quisiera deslizarme hacia el oeste pero la amplificación me llama a la veta, al carbón.. Y todo lo amanero con mis manos en alto con mis pasos puntillosos. No me canso de zapatear la estera del alma hasta sudar por detrás la mía camisa blanca. Doy cuerda a la cuerda con leves requiebros de palmas. Estoy bien embutido en mi cinturón. El gas hace presencia y los golpes huecos de la madera sobre el fuego reseca la sopa que cuelga en el atril. Como gotas de agua mi respiración se hace más intensa, más rápida. Es el momento de anudar el cazo, de verter la sed sobre el pozo santo. Buscando agua y luz.

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