Farsante voz de mi corteza

3 septiembre 2010

La mente humana es bastante complicada. Hasta la amistad te rompe el alma y se confunde con miles de cuadros, de voces.

Ahora, en los instantes de una vida tranquila en el URH, aparece otro ser que me mira y me escudriña. Está lejos físicamente y me atraviesa las córneas. Creo que le conozco. Es de mi altura y parecido peso. Su peso es mi cefalea. Se presenta muy femenino pero sé que es un hombre. Su altura llega a mi cristal y a mi ventana.

El aturdimiento llega cuando deporta mi alma al fondo de un suelo embaldosado de migrañas, de culebrillas, de insectos amarillos. Interviene mi mundo, mi amígdala, mi ser ordenado de teleterapias y rasga la unidad de la sumergida Iberia, de los ecos y remembranzas poéticas que anidan en este nuevo hito de dolor.

Otros ecos farmacéuticos me desquician a través de la pantalla pixelada, de esos, solo hablare con el doctor. Y tu, Checho, o cual experimento seas, sal de mí o muere en el intento de amar a otra esposa que no sea mi Lady Laura.

Solo yo EXISTO, el verdadero Chicho Valentino, y me declaro vivo por vuestro amor.

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