Cafeteando con la limosna de mi recuerdo

14 septiembre 2009

Limosna de mi recuerdo

Hoy no quiero jugar, no propongo inventar ficciones. Estoy sentado en un café del centro de este pueblecito pequeño. Haré cómo si nos separaran dos continentes, un océano, una vida. Por un instante voy a sentirme mimado por ti, y creer en una realidad no digitalizada.

De la misma manera que redecoráste tu isla entera para mi (pintándola de: pájaros, arenas, jardines, velas, senderos, espumas marinas, mareas, nubes, balcones, cortinas, agua, calles, buques, olores, fríos, palabras, silbidos, risas, lágrimas, canciones, capillas, pescadoras, gatos, canarios, amigos…), ahora redecoras con tus escritos mis sueños.

Hoy seré el hombre que busca a la niña ventanera escondida tras la cortina al viento en la ventana de aquella calle, de aquella Isla, de nuestros archipiélago en aquel continente.

Y desde la niña que fuiste –que eres- me espías buscando el enmarque perfecto de mi memoria, mientras yo, aquí, en esta calle, busco el magistral encuadre para esa ventana abierta al mar.

Hoy sentado en esta orilla continental, donde es evidente que no estás, la calle Virgen de la Paloma–aquí a un lado- me golpea con tu ausencia. La capilla–justo al lado- se cierra y me urgió a cafetear; entonces con la limosna de mi recuerdo me rindo en el aroma y viajo hasta tu recuerdo que se empeña en vivificar un aire nuevo.

Respuesta a Maite Figueira.

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