La libreta blanca

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Fotografía encontrada dentro de la libreta blanca que Jonh Ausonious le dio a mi abuelo.

El recuerdo de aquella Playa Chica y la oscuridad de la libreta blanca rememora los días en los que dos altos mandos nazis se ocultaron allí tras la Segunda Guerra Mundial. Por imperativo mi mente gira sobre las imágenes de cuerpos mutilados desnudos. Piruetas de focos dejando ver el contorno de los abrazos y los nudos de aquellos cuerpos caídos en la representación de la guerra más atroz vivida en Europa. Sudores cálidos. A lo lejos los gritos de los violonchelos giran sobre la oscuridad candente en una improvisación musical totalmente nueva. Partir el espacio con el océano, licuar el tiempo para engendrar el silencio y sentir la levedad adherida al ocaso.

                             Fort Breendonk – Bélgica 2017

5 notas de la libreta blanca (1946)

_Al amanecer abandono mi identidad y despierto ante la pantalla retomando la identidad construida. Y desde este espacio viajo en el tiempo.
_Emigrante, nómada en este tiempo virtual de mensajes digitales en la distancia mas absoluta. La soledad.
_Soy un alma deslocalizada. Soy un ser virtual híbrido. No soy un robot.
_Aquí solo nos ánima la palabra como emoción, mímica y voz.
_Un preciso logaritmo estudia la cultura nacional-capitalista emocional y recupera datos en tiempo real de las impresiones e interacciones totales.

Mi abuelo Ringholm fue profesor de tecnología en la escuela pública de Kungsholmen, donde John Ausonius era uno de los alumno más queridos. Aquella relación se mantuvo por largo tiempo. En 1979 mi abuelo visitó a Jonh en el hospital Beckomberga de Estocolmo, donde se encontraba en observación psiquiátrica. Jonh en un delirio filosófico le enseño a mi abuelo una libreta blanca con información tecnológica nazi.

Escrito en Pedernales, Vizcaya, País Vasco el día que las capas de hielo fluyen cuesta abajo, aparentemente en cámara lenta. Las montañas embullen el hielo en los glaciares. Y el hielo que fluye de la tierra al mar forma una plataforma de hielo flotante en la Antártida.

Entré como sultan y salí como califa

Carta a: P. d´H de T
European Pension Committee

Madrid 14 de febrero de 2017

Guarida en Marruecos

Cher ami. Cher vieux renard.

Salí temprano y no pude despedirme al alba. Te agradezco las atenciones que me dispensaste, el regalo de tu amabilidad, el convite a la mesa y la intima charla alrededor del humo de aquel “Romeo y Julieta nº3” en RMAAUM. Recuerdo como una exquisitez  la sesión de música que preparó  Nazhay.

 A la postre, ya en mi habitación, en la noche

se presentó en sueños una mujer hermosa y seductora, de cabellos largos, con manos de carnero, bañándose desnuda en la habitación “Sultan”. Era Aisha Kandisha. Consiguió volverme loco e incluso en un golpe de luz se convirtió en djina como una anciana sin dientes, pelo largo y sucio, despeinada y con una mirada cruel.

Esta mujer me dice que está muerta, que en la Antigüedad se enfrentó a los portugueses. Invade mi cama y me advierte de que no viaje a Mazagan. Todo se convierte en un mar lleno de ángeles. El Paraíso se queda vació. Su mano peluda agarra y aprieta mis partes íntimas insistiendo en si me dirijo a El-Jadida, matará a todos aquellos con los que he convivido durante los últimos siete días.

Como rehén de tanta belleza y miseria,  ella se baña en la noche en la piscina y, al salir desnuda, brillando a la luz de la luna, con el pelo largo y mojado como una djina me advierte de que la muerte de todos ellos será causada por una lluvia de pescado.

Contra el hechizo de Aisha Kandisha, me levanté sobresaltado pensando en usted, en Nazhay y su familia, en Hicham Haj el empresario de telas, Rachid el agente de aduanas y en el Sr. Moulay Hafid El Alam y cambié mi destino para continuar viaje a Fez. Aún hoy, pasados largos siete días en absoluta soledad, no quiero saber porque El-Jadida es paraíso perdido.

Viajo a Bruselas el 22. Te dejaré en tu oficina “el último libro” de mi amigo Oliver Stone, con nota manuscrita en una de las páginas sobre “Medicare”. Y a la guarida de Marruecos te mando un presente de tu querida España. Espero y deseo volver a verte sano y a salvo.

Tu amigo, el antropólogo libertario.
Chicho Valentino de Ringholm Lezcano

Nota: Dime si tenemos piso franco en Bruselas.

El mar rebota en el ocaso

te

El mar rebota en el ocaso. Una línea dibuja el horizonte y las murallas, los muros, las paredes, las puertas y las verjas regresan a las casas. Al otro lado de la cerradura la noche aproxima las estrellas. La calma de un té caliente no cede al optimismo y cuida el desánimo.

Es necesario potenciar imágenes paradigmáticas de la experiencia y de la vida cotidiana, muchas de las cuales tienen que ver con la experiencia de las cosas, de los utensilios, del hogar y de los lugares. Recordar aquí la hora del té en Ascot a los sones de las llamadas a los rezos en un día tan extraño en Washington me hace pensar que los cambios políticos son fecundos no sólo cuando son estructurales sino también infraestructurales y compaginan las dos dimensiones: la vida pública y la vida personal, la cotidianidad y las relaciones con los demás.

A la intemperie de este desamparo nihilista y tecnológico de sobrexposición, se encienden millones de terminales con la conectividad más potente para empezar el “prime time” de miradas, soledades, cercanías, silencios y clicks buscando el sentido de la vida, destino trágico de la razón humana. A veces no siento la emoción, ni el estado de ánimo, de esta contradicción que es vivir, que es la pérdida continua del presente y la apertura al abismo del futuro.

Esta carnicería debe terminar ya. Somos una sola nación, y su sufrimiento es el nuestro. Sus sueños son nuestros sueños; y sus triunfos serán nuestros triunfos. Tenemos un mismo corazón, un hogar y un glorioso destino.  Donal Trump

Sudor. Sangre. Muerte. Lágrimas. Como perseguido por el resumen de una fiesta nacional española, de una zarzuela, de un amor imposible me aúpo a la resistencia, la proximidad y la sencillez como método ontológico, de ser y estar en mil mundos. Esperemos que la vida corriente no siga siendo menospreciada con tantas palabras.

Escrito en Café Maure – Jardin Des Oudayas, el día de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos.