Pensando en meter esos cuervos en la jaula de luz.
Y el cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el negro pelo de los cuernos,
en el asta de la puerta con manija.
Y la luz de la jaula que sobre él se derrama
tiende en el cielo su sombra. Y mi alma,
en el fondo de esa sombra flota sobre el suelo,
Empujando, esquivando, pensando la libertad.
Y vivo la desnudez del cuerpo maduro y terso
en la quietud de las montañas, como cuervo
anidado en tu cabeza llena de pájaros,
de mirlos y cisnes trompeteros. De perdices coloradas.
Advertisement


